lunes 8 de junio de 2009

¿RESACA ELECTORAL?

No procede aplicar en estas últimas elecciones al Parlamento Europeo ese tópico tan absurdo y manido de “resaca electoral”. El pueblo español y el resto de pueblos europeos han hecho caso omiso a las campañas oficiales contra la salud pública (tanto en su ámbito físico como moral) de los ministerios totalirio-partitocráticos de propaganda que proscriben beber vino y fumar y fomentan las relaciones aberrosexuales, abortar cuanto más jóvenes mejor y por supuesto votar. Que la próxima vez se ahorren unos cuantos millones de esta propaganda fatua y que ayuden a los españoles con las muchas deudas contraidas que a este paso no vamos a poder pagar.

La abstención deslegítima desde la pura lógica del sistema imperante el proceso electoral así como la sumisión de España a la Unión Euriopea. La cual en mayor o menor medida defienden todos los nefastos partidos que han obtenido eurodiputados en estas elecciones y que no representan más que a una ínfima minoría de los españoles con derecho a voto. A efectos convencionales el progresismo radical y la ineficacia en política social y económica del PSOE es castigada en las urnas ante un candidato del PP con un perfil bastante conservador y significado en la lucha contra el terrorismo, aunque el PP como partido no deja de ser un progresismo más moderado presto a entenderse y a realizar concesiones a toda clase de separatismo siempre que sea liberal y burgués. La irrupción de UPyD es un voto de rechazo a las concesiones del PSOE a los separatistas, pero no articula una opción auténticamente patriótica. Del mismo rechazo al nacionalismo se ha beneficiado la opción Libertas-Ciudadanos de España, que ha obtenido el grueso de sus votos en Barcelona, procedente de los votantes antiseparatistas de Ciutadans sin que haya podido articularse como la opción antieuropeísta que lideró el rechazo al Tratado de Lisboa en Irlanda. Sin embargo sus resultados no han sido significativos. Los proetarras con el apoyo de la extrema izquierda y de los antifas finalmente concurrieron a las elecciones sin careta gracias a un tribunal político de jueces puestos a dedo por el PP y el PSOE poniendo en entredicho una vez el Estado de Derecho, aunque al final se han comido los mocos y han sacado menos de la mitad de los votos que obtuvieron hace diez años, lo que señala el declive continuo de esos cobardes psicópatas. Respecto a los partidos que defienden una visión alternativa a lo políticamente correcto en España han obtenido unos resultados bochornosos pese al notable aumento con respecto a las elecciones pasadas, más meritoria por haber sido mayor la abstención. Es una constatación que resulta necesaria frente a los discursos triunfalistas que de cara a la clientela se van a hacer estos días. En el resto de Europa las opciones han experimentado una lígera alza que pondrá un poco de sentido común en esa ridícula y costosa institución del Parlamento Europeo (siempre que la intolerancia democraticista no lo impida, como en el caso del veto a Le Pen).

Procede además una reflexión adicional: la insuficiencia representativa de las estructuras partidistas. Lo que resulta especialmente sugestivo desde la perspectiva nacional, que siempre ha realizado una acertada y contundente crítica a las contradicciones del partidismo. Si la democracia puede ser una aceptable forma de gobierno (no así como ideología, que es lo que subyace en las constituciones de casi todos los Estados) la partitocracia desvirtúa ese carácter representativo. En esta tendencia caen hasta los partidos que se dicen patriotas que absolutizan aspectos discutibles o extravagantes como coartada para justificar su propia existencia. Hay que repensar la actuación política para crear una auténtica comunidad militante que gire en torno a asociaciones y redes estructuradas en torno a la veneración y defensa de la sangre, la tierra y la tradición y que defiendan unas soluciones políticas básicas, que sea capaz de crear un estilo y una alternativa propias, unos símbolos fácilmente identificativos y aglutinadores frente a la disgregación, odios cainitas y segmentaciones que supone la dinámica partidista. Fundamentar unos referentes doctrinales, históricos, culturales que nos hagan fácilmente identificables sin apropiaciones indebidas.

Converger en los puntos que unen no se puede hacer a través de los partidos, aunque el apoyo coyuntural a una determinada opción partidista puede ser una actuación circunstancial aceptable en el contexto de crear realidades de actuación tangibles que influyan en los más diversos ámbitos. Pero siempre como complemento e instrumento, nunca como fin, de una acción lo más
diversificada posible que sirva para crear criterios de actuación común.

Desde esa base se podría a la larga crear algo, o en cualquier caso preservar una forma de ser, pensar y actuar coherente frente a la voragine partidista, tan apartada de la realidad, que vende el aumento de veinte insignificantes votos cada elección como una victoria apabullante frente al resto de partidos competidores (que siempre son los que defieden más o menos lo mismo, situados en la misma marginalidad) o si por el contrario esos mismos votos se pierden como culpa de factores exógenos. Todo ello para ilusionar vanamente a unos cuantos militantes que tras ser exprimidos en su militante y en sus dineros se irán a sus casas decepcionados y estafados.
Mientras España se muere.

Joaquín de Armenzua