
El triunfo actual de una deliberada corrupción del lenguaje provoca que muchas palabras alteren su significado originario y al penetrar en nuestra psique generen una imagen mental diferente a la que habrían motivado antes de la “operación” lingüística.
Esto mismo ocurre en el terreno de las ideas, personajes, períodos históricos… el bisturí estético del Poder opera con estudiada precisión en la conciencia popular modificando nuestra memoria colectiva, borrando lo molesto, maquillando lo incómodo, lo que ocurrió a pesar de que ellos no lo tenían planeado.
Nos obligan a olvidar, por ejemplo, que toda una generación de europeos, desde los más diversos frentes, alzaron durante el pasado siglo una voz viril y espléndida en defensa de un mundo occidental que consideraban al borde del precipicio.
Es curioso como en España se homenajea de continuo a poetas como Miguel Hernández, Alberti, García Lorca o Machado únicamente por su adscripción política sin hacer mención alguna a los méritos de su obra, que, por otra parte, son innegables. Mientras mentes prodigiosas como Ramiro de Maeztu, Manuel Machado (hermano de Antonio y en el que la discriminación es más evidente si cabe) o Jacinto Benavente, por nombrar alguno, permanecen ocultos tras una cortina de silencio.
Este sea quizás un tema recurrente para los lectores asiduos a publicaciones alternativas, pero lo que no es tan conocido por la mayoría es que la que ha sido con seguridad la más brillante generación de cómicos españoles nació al calor del falangismo y del fascismo español en una época en la que todavía estos vocablos no despertaban el terror de unas masas que, con posterioridad, fueron convenientemente reeducadas por aquellos que dirigen nuestros destinos desde la impunidad de las sombras.
El Humor fue siempre nuestro
Como Robert Brasillach afirma, el primer error, intencionado o no, que cometen aquellos que no entienden (o no quieren entender) al fascismo, es desconocer su alegría:
“Alegría que se puede criticar, declarar abominable e infernal, pero alegría. El joven fascista, apoyado en su raza y en su nación, orgulloso de su vigor, de su espíritu lúcido, despreciando los bienes materiales, el joven fascista en su campamento, con sus camaradas de la paz, que pueden ser sus camaradas de guerra, el joven fascista que canta, que marcha, que trabaja, que sueña, es, antes que nada, un ser alegre.” Es comprensible que las democracias se espantaran ante esta rara alegría tan difícil de clasificar para la “inteligencia” moderna. Alegría que rebasaba todos sus caducos y trasnochados esquemas.
Esa alegría vitalista, ese afán de reírse a carcajadas de un mundo tan triste y ruin que debería ahogarnos el alma en llanto, fue la bandera que ondeó un conjunto genial de humoristas españoles que pagaron sus simpatías políticas, en el mejor de los casos, con el olvido:
Wenceslao Fernández Flórez, Premio Nacional de Literatura en 1926, varios de sus libros fueron objeto de adaptaciones cinematográficas. Desplegó un humor irónico con fondo de tristeza, una visión desencantada de la sociedad bajo aspecto de comedia. Se hizo famoso por sus “Impresiones de un hombre de buena fe”, donde efectuaba una feroz crítica del parlamentarismo, tanto de derecha como de izquierda. En “Una isla en el mar rojo” relata como huyó de la chusma marxista y las checas en el Madrid rojo de 1936. Su nombre y obra fueron silenciados por su alineación inequívoca con el bando nacional.
Álvaro de Laiglesia, grandísimo humorista de ingenio sin límites que comenzó siendo subdirector del semanario infantil falangista “Flechas y Pelayos” a la temprana edad de quince años. Con tan sólo dieciséis Miguel Mihura le nombra redactor jefe de la genial revista de humor “La Ametralladora” (que tomaba el nombre de otra revista similar de la Italia fascista), leída por todas las fuerzas nacionales y falangistas. Más tarde es nombrado también por Mihura redactor jefe de “La Codorniz”, continuadora de “La Ametralladora”. Combatió en la División Azul y a su regreso en 1943 asumió la dirección de “La Codorniz” tras el abandono de Mihura. Capitaneó la revista durante más de tres décadas convirtiéndola en una leyenda de la prensa española. Escribió más de cuarenta libros de humor fino e inteligente y de todo ello no quedó más eco que el silencio.
Ramón Gómez de la Serna, inventor del género literario de la Greguería (Humorismo+Metáfora=Greguería), su humor fue inspirador de “La Codorniz”. Orteguiano y nacionalista participó en Revista de Occidente de Ortega y Gasset y en La Gaceta Literaria del genial falangista Ernesto Giménez Caballero. Fue uno de los tres miembros extranjeros de la Academia Francesa del Humor junto a Charles Chaplin. Al estallar la Guerra Civil huye del Madrid republicano a Buenos Aires, manifiesta su apoyo al alzamiento nacional mediante un documento firmado junto con otros escritores e incluso dona una suma cuantiosa de dinero para financiar la entrega de armas a los nacionales. Su casa de Madrid fue saqueada desapareciendo todas sus pertenencias.
Miguel Mihura, falangista, fundador y director de “La Ametralladora” y “La Codorniz”. También se prodigó como escritor de teatro dando fruto a joyas como “Tres sombreros de copa”, obra maestra del teatro humorístico absurdo; o como guionista de cine como en “Bienvenido Mr. Marshall” (1942) del director Luis García Berlanga (también divisionario). A su imaginación hay que añadir la ternura y belleza del lenguaje utilizado, así como la combinación del humor trágico con el ridículo.
Tono, pseudónimo de
Antonio de Lara, humorista, dibujante y escritor, estrecho colaborador de Miguel Mihura en “la Ametralladora” y “La Codorniz”. También escribió junto a él obras de teatro como “Ni pobre, ni rico, sino todo lo contrario” o películas como “Un bigote para dos”. Se encargó de la dirección artística de la revista falangista “Vértice”. Murió en 1978 sólo cuatro meses después que su gran amigo Mihura.
Edgar Neville, escritor y director de cine, fue el otro gran artífice de “La Codorniz”. Dijo de la revista que: “Se trataba de triturar una civilización burguesa y falsa que traía renqueando un siglo de cursilería”. Gran amigo del dibujante Tono, se unió al ejército franquista en 1937 como reportero de guerra. En calidad de tal filmó pavorosas escenas de la contienda en la batalla de Brunete o la toma de Bilbao. Fue también director de varios documentales propagandísticos falangistas para el Departamento Nacional de Cinematografía como: Juventudes de España (1938), La Ciudad Universitaria (1938) o ¡Viva los Hombres Libres! (1939).
Pedro Muñoz Seca, otro titán del humor español. De un humor disparatado y crítico, era una persona dulce y afable. Muy prolífico autor de teatro fue defendido de sus detractores por Valle-Inclán que le consideraba “monumental”. Su obra “La Venganza de Don Mendo” es de fama mundial y encierra en su humor una enseñanza moral profunda. Escribió una obra brutal de denuncia contra lo bajo y demagógico de los sindicatos de clase marxistas y anarquistas: su famosa “LAOCA” (Liga Ácrata de Obreros Cansados y Aburridos), caricatura del comunismo y el igualitarismo. Otras obras que ridiculizan a la República son “la Voz de su Amo”, “Marcelino fue a por vino” y “El gran ciudadano”. Por haberlas escrito fue detenido y asesinado sin juicio ni consideración. Sin poder evitar burlarse, una vez más, de sus verdugos, pronunció aquellas célebres palabras antes de morir: “podéis quitármelo todo, menos el miedo que estoy pasando”.
Enrique Jardiel Poncela, junto con Mihura y Muñoz Seca, el más brillante autor de teatro humorístico de todo el siglo XX. De su abundante obra destaca “Eloisa está debajo de un almendro” (1940). Pretendió romper con las formas tradicionales de lo cómico y dignificar el papel del género humorístico que no era “un aspecto de la literatura sino un género literario de pleno derecho, que no constituye un medio sino un fin en sí mismo”. Para él, la creación y apreciación del humor exigían una privilegiada capacidad intelectual y una depurada sensibilidad. También sostenía firmemente que en la raíz de toda creación humorística debe subyacer un fondo inalterable de poesía y ensueño. Criticó duramente la República marxista del Frente Popular: “Ningún artista verdadero puede ser comunista; el arte no existe sin un sentido de la aristocracia. Y las cosas bellas jamás pueden ser producto de la tiranía de la masa.” Opinaba en boca de sus personajes que “Mussolini es un gran tipo” y en su extraordinaria novela “La Tournée de Dios” expone una excelente crítica del mundo moderno: “Si en la Tierra existe hoy un pueblo que sea tirano de los demás, ese pueblo sois vosotros. Tenéis todo el dinero y la influencia posible. Dueños de las grandes empresas, agitáis el cetro de las finanzas y regís la vida del mundo. Sois el resorte del poder, el barómetro de la riqueza y la balanza de la actividad. Tenéis todo eso; sois todo eso… y os parece poco. Los humanos os entregan su bolsillo y todavía queréis que os entreguen el corazón… Árbitros del capital y del poder aún ambicionáis el arbitraje del sentimiento…” Ya sintiéndose morir clamaba “He querido a España y he procedido tan en conciencia que me sé absuelto allá, arriba.” Murió con tan sólo 51 años, olvidado de todos y en la más absoluta pobreza.
Y hubo tantos y tantos otros como
Julio Camba, Noel Clarasó o José López Rubio. Elevaron la Comedia a la categoría de Arte. Cultivaron un humor inteligente, innovador y sensible, enfrentado tanto al marxismo como al sistema burgués. Dibujaron una sonrisa que mostraba la llaga de un mundo muy distinto al que conocemos. Desde aquí nuestro sincero homenaje.
Joaquín Verdú.