
El próximo 25 de abril se cumplirá el trigésimo primer aniversario de la Batalla de Almansa, uno de los episodios más importantes de la guerra de Sucesión española, que supuso la pérdida de los fueros del Reino de Valencia y del Reino de Aragón. Esta perdida en el caso valenciano fue más relevante que la abolición foral catalana, pues afectó incluso a las instituciones del derecho privado (que se mantuvo en el resto de la Corona de Aragón) y conllevó la decadencia de sus puertos. Sin embargo, ni los valencianos fueron los más entusiastas defensores del Archiduque Carlos (su adhesión es tardía, incompleta y contradictoria, meses después de la primera proclama austracista en Cataluña y está especialmente mediatizada por las presiones extranjeras), ni fue unánime (aunque tampoco lo fue en el resto de territorios de la Corona de Aragón).
Dicho episodio tras unos primeros años de adaptación a la nueva situación legislativa y la compensación de la abolición foral con medidas de diverso tipo (especialmente a través del proteccionismo borbónico sobre la incipiente industria textil catalana) pronto cayó en el olvido y ya nadie reivindicaría la restauración foral hasta más un siglo después más como postura antiliberal que como verdadera necesidad del pueblo. Mucho menos aún ningún Habsburgo reivindicó el Trono de España. Otras guerras dinásticas, como las carlistas, sí que tuvieron verdadera proyección popular. Es más, en esas guerras que tantos voluntarios catalanes alzaron en armas lo que se defendía era precisamente el mejor derecho entre los herederos de Felipe V,
en quien se fundaba toda la legitimidad dinástica. En cambio como se verá a continuación la guerra de Sucesión fue básicamente una guerra de potencias extranjeras con intereses enfrentados sobre España.
La Batalla de Almansa tuvo lugar en el curso de la Guerra de Sucesión Española, que en ámbitos intelectuales anglosajones es tenida como "la primera guerra mundial" (en consideración a las naciones que intervinieron en la misma). Una guerra no entre territorios de España ni entre ideologías, sino una guerra entre potencias que dividió a los españoles por uno u otro Rey según las exigencias del Antiguo Régimen. Los españoles que combatieron jamás claudicaron de su nacionalidad ni de su identidad regional y ni por asomo se les ocurría pensar en un expansionismo sobre otros pueblos hispánicos.
Uno de los mitos recurrentes cuando se habla de la batalla de Almansa y de la guerra de Sucesión es el presunto centralismo borbónico, frente a una concepción austracista más arcaica y medieval pseudofeudalista. No tomaremos partido dinástico desde esta tribuna, pero lo que sí es cierto es que Felipe V mantuvo y preservo los fueros de las provincias vascongadas y del Reino de Navarra (entusiastas defensores del Borbón) y que los Austrias llevaban acometiendo desde hace siglos procesos de unificación legislativa -paralelos al lógico devenir histórico que se imponía frente a las ineficaces autarquías feudales y regionales cuyos primeros damnificados fueron paradojicamente los fueros castellanos. Otro mito asentado, que hoy se enseña en cualquier escuela valenciana (administradas desde hace 16 años por el PP... que tomen nota los talibanes de la cope y demás chusma) es que todo el territorio del Reino de Valencia era austracista, lo que no es más que una nueva cochina mentira. En la batalla de Almansa ,los únicos valencianos que combatieron estaban del lado de Felipe V (unos cuantos vecinos de Cocentaina). En el bando austracista lo más cercano a un español que habia era un puñado de mercenarios portugueses, siendo en su mayoría holandeses y británicos. El bando borbónico estaba compuesto mayoritariamente por españoles, aunque en total no llegaban a ser la cuarta parte de todos los combatientes. Sobre los crueles excesos borbónicos en algunas ciudades valencianas se ha de hacer notar que estaban promovidos por los mercenarios extranjeros y que peores fueron los saqueos realizados por los mercenarios del ejército austracista "maulet". Los austracistas quemaron Ayora y Banyeres y las confiscaciones provocaban casos dramáticos. Martín Brotat, próspero comerciante antes de 1707, declaraba "que se halla con crecida familia y muchos acreedores que le molestan, sin tener más medios para su manutención que dichas cantidades". Los valencianos que sufrieron el saqueo de los maulets mercenarios no recibieron tanto apoyo. Lo corrobora la viuda del Justicia de Alicante, que demandaba una caridad en estos términos: "Diego Picó se hallaba en el encargo de Justicia Mayor de Alicante al tiempo que los enemigos asaltaron aquella plaza. Executaron con él muchas hostilidades y vejaciones y de enfermedad que le sobrevino murió, y habiendo saqueado su casa sólo pudo escapar doña Tomasa Mora, mujer del susodicho, con el coche galera, mulos y algunas alhajas, retirándose a Monóvar. Allí le sorprendieron (robaron los maulets) coche, mulos y galera; huyendo a Hellín". Hasta las monjas sufrieron acoso de los mercenarios maulets. El obispo de Orihuela, compadecido, escribía al rey: "Sor Francisca Antonia del Convento de la Sangre de la ciudad de Alicante, por la invasión de los enemigos le fue preciso pasarse al Convento de la Santa Faz , habiendo perdido en el saco la mayor parte de sus bienes. Dejaron la clausura muchas religiosas, entre ellas la priora. Fue preciso recurrir al amparo de su hermana, que estaba en Valencia." La monja "solicitó 50 doblones sobre bienes confiscados del Reyno de Valencia".
Hasta aquí un primer esbozo de algunas mentiras sobre la batalla de Almansa. Mentiras subvencionadas con dinero público. Mentiras que se enseñan en las clases de valenciano y de Historia en la Comunidad Valenciana, cuya administración controla el PP. Mentiras que predican poderosos lobbys económicos y que reciben subvenciones y cesión de locales y vías públicas por el PP. Los pancatalanistas al fin y al cabo son presas de sus propias paranoias o en el mejor de los casos están movidos por un legítimo sentimiento nacional aunque bastardizado. En cambio el PP engaña a conciencia a millones de españoles haciendoles creer que es un partido español cuando claudica en Alicante, en la Comunidad Valenciana y en el resto de España ante la mentira de los separatistas, en manos de quien deja la educación de nuestros hijos y a quien concede millones de euros en subvenciones y todo tipo de prebendas legales.
Si se desea incentivar el conocimiento de nuestra historia que se financien unas jornadas de estudio plurales sobre el tema en cuestión. Esta asociación se ofrece a aportar su punto de vista y sin necesidad de cobrar un duro. Si no que el PP deje de otorgar un trato beneficioso a quienes en otras ocasiones han gritado en favor de ETA y han quemado banderas de España. Y los pancatalanistas que se quedan en Cataluña y que vengan otro día a hacer turismo a nuestra ciudad, donde todos los españoles son bienvenidos si no vienen a provocar.
Javier Arnedo