
Cinco años después de la invasión de Iraq nos encontramos con la noticia de que 47 personas han muerto el día de dicho aniversario por atentados terroristas en el país árabe. No es una noticia aislada, sino la tónica general de la inestabilidad de una nación ocupada y humillada. El infame y degenerado José María Aznar se ha permitido el lujo de afirmar en este aniversario, en línea con Bush, que "la invasión era necesaria". Los liberales sufren la misma esquizofrenia en sus errores internacionales que los progres respecto a Cuba o China: apoyan su "status quo" pero jamás se irían a vivir a esos lugares. Mientras las bombas queden lejos de sus clubs de padel, reuniones de cursis estirados o logías masónicas se pueden permitir el lujo de hablar frivolamente del asunto. Al fin y al cabo es el mismo cinísmo y prepotencia que llevó a Estados Unidos a proyectar la mascarada del Maine para atacar a España en Cuba. O para bendecir la destrucción total de Friburgo y Dresde, expulsar de sus casas y posesiones a más de cinco millones de alemanes e italianos, lanzar las bombas atómicas sobre Hirosima y Nagasaki y mantener el genocidio stalinista de 22 millones de personas.
Los patriotas en este aniversario recordamos que el régimen nacionalista del partido Baaz pese a sus muchos errores fue el único que supo dar estabilidad al país y lo convirtió en un valladar contra los agresivos regímenes mahometanos --sunitas en Arabia Saudita y chiitas en Irán-- de la región, fue el único país de la OPEP que había aplicado al bien común los ingresos por sus grandes recursos petrolíferos; cuando se desató la guerra contra Iraq en 1991 ,apoyada entonces por todos los progres, el país gozaba de un sistema público de asistencia sanitaria comparable al francés (según datos de la OMS), un sistema de enseñanza único en su región, y varios miles de estudiantes en universidades extranjeras, becados por el Estado iraquí.
Los cristianos gozaban de completa libertad de culto y enseñanza y de una posición privilegiada en el Gobierno y las Fuerzas Armadas; situación única en un país de mayoría mahometana. El papel de la mujer era comparable a las sociedades occidentales.
Todo ello ha desaparecido en el Iraq, primero sitiado y asfixiado y ahora ocupado por una fuerza multinacional, encabezada por los EE.UU., que ha auspiciado la proclamación de una constitución que consagra el integrismo mahometano como fundamento y práctica legal, que ha diezmado los tesoros arqueológicos de esa gran nación y que ha avivado tensiones independentistas. (Frente a lo que maliciosa y tendenciosamente se señala los kurdos estaban plenamente integrados en el Iraq baazista, con autonomía regional y respeto a sus costumbres. Sadam Huseim llegó a vestir el traje regional kurdo en sus muchas visitas a la región. La represión de los grupos armados independentistas tuvo los mismos excesos que actualmente aplica Turquía).
El papel de los Gobiernos españoles en este proceso no ha podido ser más vergonzoso. A pesar de las excelentes relaciones que hasta entonces había entre Iraq y España, muy ventajosas para los intereses de ambos, en 1991 el Gobierno socialista de Felipe González secundó abiertamente la agresión contra Iraq, convirtiendo a la Península Ibérica en el gran portaaviones y suministrador de los bombardeos que devastaron aquel país. Años después, el Gobierno del PP encabezado por José María Aznar participó directamente en la ocupación; más recientemente, el Gobierno socialista de Rodríguez Zapatero, tras el gesto demagógico de retirar las tropas de allí, hizo participar a la Armada Española (fragata Álvaro de Bazán) en ataques y bombardeos y se ha mostrado en sus discursos en la ONU favorable al mantenimiento de la ocupación de Iraq. Asimismo este gobierno se empeña en mantener a soldados españoles en misiones contrarias a los intereses de España mientras nuestras costas y fronteras se encuentran desguarnecidas.
Urge recuperar una política exterior realmente soberana, una alianza geopolítica y geoestratégica con las naciones europeas, con capacidad armamentística suficiente, que respete la libertad de los pueblos y promueve la colaboración entre los mismos. Cuando ese momento llegue Kosovo e Iraq serán dos de las mayores injusticias a reparar.
Javier Arnedo