Nuestro más sentido recuerdo a todos los jóvenes españoles que dieron su vida por un noble ideal, regando con su sangre la fría estepa rusa en su empeño por conseguir una Europa mejor.
lunes 20 de febrero de 2012
ACTO ANUAL EN HOMENAJE A LA DIVISION AZUL
Nuestro más sentido recuerdo a todos los jóvenes españoles que dieron su vida por un noble ideal, regando con su sangre la fría estepa rusa en su empeño por conseguir una Europa mejor.
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miércoles 15 de febrero de 2012
LA INSOPORTABLE LEVEDAD DEL CHAUVINISMO
Estos días a casi nadie atento a la actualidad le ha pasado desapercibida la noticia de que después de una sanción en un proceso plagado de irregularidades y en el que no se puede demostrar concluyentemente el uso de sustancias dopantes el ciclista español Alberto Contador ha sido desposeído de sus últimos títulos deportivos y apartado de la competición durante unos meses. Este hecho ha generado en Francia, desde donde nació esta injusta sanción al campeón español, una serie de chanzas y befas de dudosa gracia e infame contenido, encabezadas por Canal+, en el que se hacía extensible, sin matización alguna, la práctica del dopaje a todo el deporte español. Sin embargo no ha sido una reacción espontánea, pues el absurdo chauvinismo jacobino deportivo lleva unos años particularmente encrespado contra los éxitos del deporte español, no perdiendo ocasión de realizar los más peregrinos comentarios, como aquel titular de L´Equipe que animaba a seguir el torneo 6 naciones de rugby “porque España no tiene equipo para enfrentarse con nosotros”.
Este carraspeo continuo de comentarios casposos y babosos que van contra todo un colectivo y contra toda una nacionalidad son tan insoportablemente leves que se desautorizan por si mismos. Sin embargo, más allá de lo anecdótico o continuo de la infundada ofensa estas criticas muestra el
miserable fondo moral de un chauvinismo totalmente vacío de esencia y de la enloquecida inquisición intelectual de lo políticamente correcto.
Cuando el pasado mundial del año 2006 la selección de Italia se imponía con autoridad a la de Francia, Roberto Calderoli, por aquel entonces secretario nacional de la Lega Nord y vicepresidente del Senado italiano (anteriormente y con posterioridad ocuparía carteras ministeriales) manifestó “La de Berlín ha sido una (victoria de nuestra identidad) donde un equipo que ha alineado lombardos, calabreses, napolitanos y vénetos, ha vencido a una formación que (ha perdido), sacrificando por el resultado, su propia identidad, al alinear "negros, musulmanes y comunistas”. Jean Marie Le Pen , en aquellos años líder del Front National dijo el miércoles después de la derrota que los franceses no se sienten “completamente representados” por su selección nacional de fútbol porque “puede que el seleccionador haya exagerado la proporción de jugadores negros, quizás debería haber tenido más precaución. Aunque puede también que se haya dejado llevar por sus ideas políticas“. Y además criticó que Zinedine Zidane “tampoco cante” el himno nacional francés. El dirigente del FN ya hizo unas declaraciones parecidas durante el Mundial de Francia en 1998. Le Pen encontraba entonces un poco artificial que “se haga venir a jugadores del extranjero y los rebauticemos como internacionales franceses“. Declaraciones plenas de coherencia, sentido común y verdadero patriotismo que intentaron, sin lograrlo, el enésimo linchamiento físico y civil contra Le Pen.
Pero aún hubo más. En una grabación registrada en el año 2010, Laurent Blanc y otros técnicos de la Federación Francesa de Fútbol debatían sobre la conveniencia de que se modifiquen los criterios de selección de los jóvenes que acceden a las escuelas de formación federativas. Coincidían todos ellos en que en la actualidad prevalece un prototipo de futbolista “físico y grandote“, características que con un criterio un tanto determinista pero poco científico adjudicaban preferentemente a muchachos nacidos en Argelia, Camerún o Senegal, o hijos de padres de estas naciones.
Con la paradoja de que la mayoría de esos jóvenes futbolistas que reciben la formación a cargo del dinero público, e incluso juegan en las selecciones francesas inferiores, a la hora de escoger la absoluta optan por hacerlo en la de su país de origen. Es decir, no sólo ocupan la plaza de un futbolista nativo en esas elitistas academias, sino que más tarde pueden reforzar selecciones que compiten con la propia Francia. Esas declaraciones, basadas en criterios puramente deportivos de Laurent Blanc abrieron un proceso de investigación por “racismo” contra el actual seleccionador de Francia. Sin embargo, pese a la campaña de linchamiento de SOS Racisme y otros profesionales del antirracismo una encuesta de la firma BVA divulgada las semanas de este *affaire* indicó que apenas 7% de los franceses deseaban la renuncia del entrenador, contra 71% que quería que siguiese en el cargo. Sin embargo alguien tenia que llevarse un castigo ejemplar sólo por osar plantear una medida que podría ser razonable al margen de toda consideración política o patriótica. François Blanquart, el director técnico de la selección fue suspendido de su cargo tras una parcial investigación de la Federación Francesa de Fútbol y la Inspección General de la Juventud. Se necesitaba una víctimas propiciatoria.
Estas polémicas eran paralelas pues se movían por impulsos distintos. Uno identitario: el de la preocupación por Le Pen de que quienes visten la camiseta de la selección tengan la identidad de los pueblos franceses. Otro deportivo: el de la preocupación de los técnicos por una sobredimensionada presencia de extranjeros en los centros de formación deportiva pública que
normalmente acaban defendiendo los colores de otro país. Pero iban en una misma dirección: la de mejorar el deporte francés.
¿Cuál fue la reacción de los medios que ahora se dedican a pasear ese cateto chauvismo? Criminalizar y atacar a los que se preocupaban por una mejora en profundidad del deporte francés.
Pero aún queda una última consideración. Hemos llegado a tal grado de irracionalidad y endofobia que los integrantes de una selección francesa de origen extranjero, que detestan los símbolos y la historia de Francia, que reza a Mahoma y a ritmo de rap-noir sueña con horteras descapotables y collarones de oro al cuello son absolutamente intocables, y ni siquiera se tolera una crítica a su rendimiento deportivo. Por el contrario, sin que ningún profesional de la lucha contra la discriminación o la xenofobia de allende o aquende los Pirineos haya mostrado su preocupación, hemos contemplado como impunemente se ponía en cuestión la honorabilidad de todo un colectivo deportivo nacional, llamando a todo deportista por el hecho de ser español tramposo y dopado, e incluso individualizando esta infamia en deportistas sin la más mínima tacha o sospecha. Este insulto contra todo un colectivo nacional se supone que es merecedor de las más severas sanciones, pero aquí contra nadie se han exigido responsabilidades. Insultar a unos deportistas que esforzada, sacrificada y humildemente han ido conquistando las mayores glorias del deporte mundial, siendo un ejemplo intachable de ética y deportividad queda impune… por el hecho de ser españoles. Sin embargo este irracional y miserable chauvinismo pese a cierto resabios antiespañoles se manifiesta contra nosotros por el hecho de tener deportistas autóctonos y no haber tenido que recurrir a mercenarios foráneos para llenar las glorias de nuestro deporte. Ese chauvinismo cobarde no se hubiese atrevido a decir que todos los negros se dopan pese a que los grandes iniciadores de esta nefasta práctica antideportiva a nivel competitivo, después del dopaje sistemático al que se sometieron los atletas en los países comunistas, fueron Ben Jonshon o Carl Lewis.
Allá ellos con su chauvinismo absurdo, cobarde e insoportablemente vacío. Nosotros nos quedamos con la defensa de la sangre, la tierra, la tradición… y de nuestro presente y futuro deportivo: glorioso, limpio y claro.
Javier Arnedo
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domingo 5 de febrero de 2012
PRESENTACION DEL PROYECTO IMPULSO
A mediados de Enero, un grupo de miembros de AX acudimos a la invitación ofrecida por nuestros camaradas de Zona Zero, de acudir a la presentación de su nueva cara, el Proyecto Impulso. En dicha presentación, ofrecerían unas palabras, entre otros, un dirigente histórico del movimiento nacionalista italiano como Gabriele Adinolfi.Allí se expusieron sus nuevos deseos en esta nueva etapa, fundamentándose en recalcar el derecho al hogar como derecho fundmental. Nutrida presencia, muchas ganas y sobre todo, mucha ilusión, es lo que pudimos ver en nuestros camaradas castellonenses, a los que desde aquí, mandamos un abrazo y les deseamos el mejor de los éxitos.

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miércoles 1 de febrero de 2012
viernes 13 de enero de 2012
¿ ABRAZADOS A LA CRUZ?
“Fue un gran sueño el nuestro, y nuestros padres lo persiguieron con energía de héroes, no tenemos que avergonzarnos de haberlo concebido”, afirmaba Maeztu, refiriéndose a la monarquía católica universal, el proyecto que Hernando de Acuña bautizó con un verso magistral: “Un Monarca, Un Imperio y Una Espada” (el monarca no era otro que Carlos V); y el soneto concluye: “que a quien ha dado Cristo su estandarte, dará el segundo más dichoso día, en que, vencido el mar, venza la tierra”. El estandarte de Don Juan de Austria proclamaba: “Christus Vincit, Christus Regnant, Christus Imperat”. Proyecto imperial éste que los austrias españoles y un pueblo de fanáticos religiosos se permitieron soñar durante todo el siglo XVI y algún tiempo más. Proyecto al que España lo sacrificó todo, dando como fruto de desengaño el Quijote, un canto amargo e irónico al sueño hecho pedazos en el que creyeron hombres ciclópeos, titánicos, tan grandiosos que todo palidece ante el brillo de su recuerdo. Ingenuo, poco realista, loco, quijotesco, español. Era el viento que soplaba las velas de nuestros galeones, la pólvora que rugía en nuestros arcabuces, el fuego en el que se forjaron unas ansias imperiales que no por infinitas (“Plus Ultra”, “más allá”, era la divisa del emperador Carlos) e irrealizables dejan de ser hermosas y, a la vez, catalizadoras de lo mejor que como pueblo supimos ofrecer en todos los ámbitos. “No fuimos lo bastante poderosos como para impedir que la Cristiandad se dispersara, ni para evitar que al Reino de Dios, con que soñábamos, sucediera el Reino del Hombre, proclamado por Inglaterra”, una vez más Maeztu.
Porque abrazados a la cruz fuimos grandes. Porque nos aterraba y fascinaba el insondable misterio del Cristo crucificado, magullado, apaleado y desangrado; abandonado y solo, como lo retrató el genio de Velázquez y lo describieron Eugenio D´ors (“¡Suprema dignidad!, está solo”) o Unamuno (“¿En qué piensas tú, muerto, Cristo mío? Miras dentro de Ti, donde alborea el sol eterno de las almas vivas”). Cristo traicionado, entregado, flagelado y torturado. La cruz era símbolo de sufrimiento y martirio, de sacrificio y redención, de muerte y de vida. De divinidad. Iluminaba el mundo que nuestros ancestros concibieron, el de Calderón y el Greco. La cruz. La sentíamos pesada caer sobre nuestros hombros, padecíamos con el hombre-Dios en su camino al calvario. Sentíamos lo mismo que despierta el violín que acompaña a Pedro arrepentido (tras negar por tres veces al Señor implora su compasión) en la Pasión de Bach, en una melodía deliciosa y trágica que nos acaricia y atraviesa el alma a la vez. Que nos pone cara a cara con nuestra propia condición: a menudo débil y miserable; humana, demasiado humana. Que necesita de la luz que brota de la carne desgarrada del crucificado para lograr ascender, para sobrepasar los límites de lo meramente humano y aspirar a ser mucho más. Sólo desde esta perspectiva nos podemos explicar la acumulación en un periodo limitado de la historia española de tal cantidad de gestas y prodigios de todo orden, que si no estuvieran acreditados con testimonios documentales parecerían producto de una fantasía tan delirante como la de nuestro Don Quijote, personificación en carne y hueso de la fe inquebrantable de la España de entonces, que, como el inmortal hidalgo manchego, pretendía restaurar la edad de oro en tiempos de hierro. No en vano “cuando hay que consumar la maravilla de alguna nueva hazaña, los ángeles que están junto a la silla miran a Dios… y piensan en España” (José María Pemán).
Con razón Ortega se preguntaba, perplejo, al comentar las memorias del capitán español del siglo XVII Alonso de Contreras “cómo es posible una forma de ser hombre tan distinta de la que nosotros ejercitamos” porque se trataban, estas memorias, “de una narración sobremanera inverosímil, a la cual acontece la gracia de ser la pura verdad”. Inverosímil para el hombre materialista del Occidente actual, castrado para el afán de aventura, la ofrenda generosa y la fe sin reservas. Sin el soporte moral del cristianismo ni la Reconquista ni la conquista de América hubieran sido siquiera imaginables. Incluso un archienemigo de España como el corsario inglés Sir Walter Raleigh supo reconocer lo insólito de tales hazañas: “Rara vez o nunca hemos visto que una nación haya sufrido tantas desgracias y miserias como los españoles en sus descubrimientos de las Indias; no obstante, persistiendo en sus empresas con invencible constancia, anexionaron a su reino provincias tantas y tan ricas como para enterrar el recuerdo de todos los peligros pasados”. Huelga decir que el inglés no atribuye a la fe católica nada de esta asombrosa obstinación hispana.
Otro apunte que no es baladí ni anecdótico y demuestra la crucial importancia de la impronta cristiana en nuestra cultura: cuando Europa era verdaderamente Europa no se llamaba así sino “Cristiandad”. La vocación de cruzada de los españoles va desde Covadonga hasta la Guerra Civil, que Franco consiguió astutamente que se entendiera como Cruzada de Liberación, ya que el hoy tan denostado caudillo sabía a la perfección que aquel que pone sus armas al servicio de Dios no duda un segundo de la conveniencia del sacrificio. Lo que evidencia que la guerra santa no es un concepto exclusivo del mundo musulmán. Los españoles estamos bastante familiarizados con ella, en nombre de Dios hemos librado nuestras mejores batallas. Por cierto, cuando los españoles éramos verdaderamente españoles no se nos llamaba así, sino “cristianos”.
“La muerte no es el final”, reza la oración por los caídos del ejército español, en la que queda magníficamente sellado el primigenio vínculo entre lo religioso y lo militar. Y concluye: “Ya le has devuelto a la vida, ya le has llevado a la luz”. Una vez más el sacrificio (en este caso por la Patria), valor supremo del cristianismo, fuente de la que bebe el alma inmortal.
La diferencia entre cómo afronta la batalla y el posible final el cristiano creyente y el escéptico es muy simple: éste se pregunta “¿por qué arriesgarme a morir si puedo desertar y vivir por lo menos 20 años más?”, a lo que el cristiano, recordando a Santo Tomás Moro, responde: “¿Pretendéis cambiar 20 años por la eternidad?”.
Nietzsche catalogó de decadente el cristianismo por ser una moral de esclavos, decretó la muerte de Dios (ojo, sólo para el occidental, el resto de pueblos tienen los suyos muy vivitos) y la liberación que esto suponía para establecer una moral de señores y el camino al Super-hombre. Nietzsche es hijo de una época materialista y así hay que inscribir su obra en el ciclo vital de Occidente para entenderla. Sin embargo, Spengler corrigió a su compatriota, porque a pesar de que éste vio en el cristianismo el origen de la perniciosa compasión hacia lo inferior, Spengler no encontró esa compasión más que en la “letra” de los textos primitivos cristianos y nunca en el núcleo esencial de la caballería europea, las cruzadas, los austrias españoles, el Sacro-Imperio… fenómenos que revelan el perfil de un mundo eminentemente jerárquico y aristocrático. El cristianismo vivificó el valor, el ímpetu conquistador, el arte y la cultura de un conjunto de pueblos que establecieron la cruz como símbolo supremo por el que luchar y morir.
Además en la cruz se cifraban todos los principios que definían nuestra visión del mundo. En aquella genialidad de nuestra cultura que es “El Mercader de Venecia” de Shakespeare, se presenta como depositario de valores opuestos a la avaricia del judío, no al europeo sino al “cristiano”.
Incluso una persona que había llegado a percibir de una manera tan fría el hecho religioso como Mircea Eliade, puesto que al constituir su objeto de estudio lo contemplaba con el desapasionamiento del científico, llegó a manifestar que la única alternativa “espiritual” que el actual Occidente oponía al cristianismo era la desesperanza, el aterrador vacío del nihilismo.
Para un tradicionalista católico como Jean Raspail, la derrota total de Occidente lo será también de Cristo ante Alá, Buda, Siva, Visnú… porque en el Occidente apocalíptico que dibuja Raspail (tremendamente parecido al nuestro) ya no se oyó hablar nunca más del Crucificado, “salvo en un libro sagrado en el que nadie creía ya”. Por tanto, la pérdida de los valores cristianos sella el ocaso definitivo del mundo occidental. Por eso la película “La Pasión de Cristo” de Mel Gibson, con toda su crudeza e innegable valor cinematográfico y estético, representa un grito desgarrado para que Occidente recupere su fe en Cristo, es decir, en sí mismo.
Volviendo a la España quijotesca, poseída por una fe fanática, encontramos que la angustia existen
cial de los españoles de entonces era, en gran parte, de índole sagrada, espiritual, metafísica y no puramente materialista, sin Dios, como la del hombre-masa moderno. Éramos un pueblo en constante cruzada. Ese era el camino español. Y, ¿puede ser que queden aún de aquellos locos y fanáticos, que queden aún españoles? Capaces de quemar las naves con Cortés, de explorar inhóspitos ríos, junglas y océanos muertos de hambre y sed, de hacer retroceder las lunas del Islam, de poner una pica en Flandes, ollar las águilas napoleónicas o marchar a pie hacia un infierno helado para morir como españoles, sembrando de cruces la Rusia atea y rezando de rodillas por nuestros caídos. “Para un mundo sombrío llevamos el Sol, para un cielo vacío llevamos a Dios”, rezaba el himno de una división de voluntarios del mismo color que el cielo y la mar. Ese espíritu hizo la España gigante, la que aún asombra a historiadores de medio mundo. Lo otro, lo que percibimos a diario a través de las ondas de la telebazofia, sólo conduce a la disolución, la catástrofe y la muerte. Yo, como la España quijotesca, me quedo con la cruz.Joaquín Verdú
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lunes 22 de agosto de 2011
LOS ORCOS Y LA MEZQUITA
Es natural que inicialmente pretendamos inclinar nuestra simpatía hacia esos jóvenes que la prensa nos pinta como desinteresados, poetas e idealistas que combaten un orden injusto impuesto por los opresores al servicio del capital y bla, bla… Descorramos el velo de la estupidez y el embobamiento periodístico y observaremos en toda su infecta inmundicia los mismos principios nihilistas, relativistas y hedonistas que impulsan la actuación de la banca, los partidos y sus terminales mediáticas, pero elevados a la enésima potencia y sostenidos por el lumpen y la hez que, aceptando los postulados básicos del egoísmo imperante, se ve arrojado fuera de los muros del paraíso de la abundancia. Porque resulta que este club (el del “yo tengo más que tú”) es un club selecto que tiene reservado el derecho de admisión. En realidad ha sido siempre así, para Ortega toda sociedad tiene sus inevitables arriba y abajo. El problema surge cuando las supuestas élites están tan corrompidas como las masas, que por lo corriente piensan con el estómago y con el sexo. Puedo escribir en una pancarta que quiero la misma fortuna que Botín ya que soy ser humano como él, pero esto no son más que pamplinas.
“Toma la calle”, “Lo queremos todo y ahora”… espetan los orcos (los llamaremos “orcos” y no “indignados”) con la intención de que, con un poco de suerte, las consignas queden grabadas en la memoria colectiva como lo quedaron las de sus abuelos de mayo del 68 (¿qué tendrá mayo?, ¿será que con la llegada de “la caló” comienzan a aflorar los vapores fétidos del “sobaquismo”?): “Prohibido prohibir”, “La imaginación al poder”… y payasadas por el estilo.
La policía no actuará con contundencia contra los orcos porque al poder le agrada esta rebeldía castrada y descafeinada que no toca ni una fibra sensible de lo políticamente correcto. Un ejemplo: de continuar la siempre inacabada avalancha inmigrante será imposible mantener el nivel de bienestar que reclaman los orcos, que paradójicamente quieren vivir como capitalistas pero sin capitalismo, ya que España se acabará asemejando más a Marruecos que a Alemania, y Alemania a Turquía, y Gran Bretaña a Pakistán, y Europa a cualquier cosa que no sea europea, ni cristiana, ni occidental.
Esto no les preocupa en absoluto a los orcos del 15-M que, con su habitual necedad, creen que puede uno encaminarse tan ricamente hacia la utopía multirracial de la mezquita y el porrillo, pero manteniendo El Corte Inglés, la seguridad social y la renta per cápita. Porque los orcos gruñen y se enrabietan, se retuercen y babean, pero rara vez piensan.
En definitiva, les delata la naturaleza puramente material de sus reivindicaciones. No quieren cambiar nada, a lo sumo derruir lo que aún queda de España (monarquía, toreo, unidad territorial e idiomática, recorrido histórico común, catolicismo…) diluyéndola en el puré multicultural que tanto les gusta. Lo que les fastidia no es el rumbo que lleva el país sino quedarse fuera en el reparto del cada vez más anoréxico pastel.
Y a nosotros, que nos importan un bledo El Corte Inglés y todas las etéreas promesas de felicidad material, que nos repugnan profundamente tanto los orcos como la mezquita, que le rezamos a un Dios ensangrentado clavado en una cruz porque no hemos olvidado que somos españoles; a nosotros nadie nos tolera, ni nos mima, ni nos comprende (como sí a los orcos). Porque nosotros, en nuestra diminuta expresión actual, encarnamos todo aquello que ellos (unos y otros) odian, a saber: la España que fue y que aún puede ser.
Joaquín Verdú
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jueves 18 de agosto de 2011
DOS HOMBRES Y UNA GRAN DISCUSIÓN.
En la Edición de este mes de nuestro apartado “Una Nación, Mil Historias”, nos detendremos en el análisis de uno de los mayores debates de la historiografía española sobre el origen y la esencia de nuestra Patria. Si los ilustres pensadores del 98 analizaron la España que les tocó vivir y sus penalidades con la obsesión de un cambio que sacase a España de su decadencia, la prolífica generación del 14 tendrá un carácter mucho más multidisciplinar y diverso, pero sin olvidar su estudio sobre las esencias hispanas, aunque desde una óptica diferente a la de los “Noventayochescos”. En esta generación , en la cual aparece la figura central de Ortega y Gasset, destacan grandes figuras de la cultura española como Juan Ramón Jiménez, Gabriel Miró o Pérez de Ayala, es importante señalar a dos grandes hispanistas separados por un gran debate : Claudio Sánchez Albornoz (Madrid, 1893-Ávila, 1984) y Américo Castro (Cantagallo, 1885-LLoret de Mar ,1972). El debate era definido como “El Ser de España”. En él Sánchez Albornoz y Castro intentan explicar el inicio del “Hecho Nacional Español”, y analizar las consecuencias de la decadencia hispana y del surgimiento de los regionalismos periféricos. Este importante debate no será patrimonio exclusivo de estos dos hispanistas, ya que Ortega y Gasset con su obra “La España invertebrada” (1921) habría sido quizá el adelantado en este interesante debate.
El debate en cuestión lo iniciará Castro en 1948 con su libro “España en su historia”, que se completará en 1954 con “La España vivida”. En ellos,se defiende el proceso de VIII siglos de Reconquista como el elemento caracterizador del “Ser Nacional Español”, considerando que la presencia de las “tres culturas” , cristiana, árabe y Judía ,unas veces convivencia y otras en enfrentamiento, forjaron dicho Ser. A estas afirmaciones, Sánchez Albornoz responde en 1956 con su obra “España, un enigma histórico”, en las cuales afirma que la Reconquista es un elemento clave en la forja d dicho Ser, pero en ningún caso es su germen, ya que és
te vendría de la Hispania Romana y de la que consideraría su continuación natural: La Hispania Visigótica. Así mismo, Sánchez Albornoz rechaza que fuese la “Teoría de las tres culturas” un elemento relevante en la forja de la Personalidad Nacional Española, siéndolo sin embargo la lucha cristiana contra la invasión mora. La polémica lejos de remitir, se avivó entre los historiadores de España e Hispanoamérica, tomando parte por una u otra posición. El debate tendrá otra “vuelta de tuerca” en 1971, cuando Pedro Laín Entralgo publica “A qué llamamos España”. Dicho autor ya había tenido una encendida polémica en 1949 con su obra “España como problema” y la respuesta de Rafael Calvo Serer en ese mismo año con su “España sin problema”. Con esta obra, Laín Entralgo se alinea claramente con la postura defendida por Américo Castro. Ni que decir tiene que tuvo la respuesta del incombustible Don Claudio con su “El drama de la información de España y los españoles “ (1973).
Sánchez Albornoz y Américo Castro tuvieron a lo largo de su vida numerosas coincidencias y un gran desencuentro: Los dos eran republicanos, ambos se exiliaron y ambos murieron en España, pero por encima de todo ello, son dos de las grandes figuras de la historiografía española del Siglo XX.
URZ
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martes 2 de agosto de 2011
VOTE FRANCO, NO SEA MARICÓN
Anímese, oiga, sea franquista sin complejos y deposite su voto el próximo 20-N para el caudillo ya que, tras 40 años de criminal y genocida dictadura, alcanzado por fin el paraíso democrático y constitucional de paz y progreso, nunca viene mal que asome las barbas la ultraderecha exterminadora y psicópata de siempre y, de este modo, los demócratas de toda la vida nos mantengamos en tensa guardia contra el fanatismo y la intolerancia, que conduce sin remisión, como bien recordó Tomás Gómez, a perpetrar masacres como la noruega.Olvídese, por una vez, de los partidos de siempre y acuérdese del generalísimo, ríndale un último homenaje antes de que exhumen su cadáver y lo tiren al mismo contenedor que a los bebés abortados. Intégrese en esa ruidosa minoría de conspiradores antidemocráticos que aún ama esa cosa que durante siglos se llamó absurdamente España, que todavía defiende una pretendida identidad cristiana y occidental y que, para colmo, rechaza de plano la nueva España multirracial que impone la modernidad.
Lo dicho, conceda su voto a Franco para salvar la democracia en peligro. El progresismo se lo agradecerá. Y si los rojos y maricones no entienden la sutil estrategia… que se jodan!
Joaquín Verdú
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domingo 17 de julio de 2011
EL DESASTRE DE ANNUAL.
Pocas veces una tragedia en una guerra colonial provocó tal conmoción como los trágicos hechos que en el verano de 1921 ocurrieron en la tierras del Rif , en el que en unas aciagas jornadas perecieron más de 10.000 soldados españoles.Sin embargo, El General Silvestre comete el terrible error de no desarmar a las tribus sometidas a lo largo de su trayectoria, ya que se creía que solamente con la entrega de pequeñas cantidades de dinero sería suficiente para mantenerlas fieles a su mando.
El preludio a la gran tragedia ocurrirá el 1 de Junio de 1921, cuando convencido por los nativos de la harka de Tensamán , Silvestre cruza el río Amerkan y establece en el monte Abarrán una posición de vigilancia. Una vez establecida dicha posición, las tropas expedicionarias reanudan su marcha hacia Alhucemas, pero entonces ocurrirá no inesperado. La harka de Tensamán atacará la posición española, sumándose a dicho ataque parte de la tropa indígena española. El resultado es de 141 bajas entre los defensores. Mención destacada será la heroica actitud del teniente Flomesta, que siendo el único oficial superviviente, se negó a instruir a los moros en el uso de los cañones, muriendo de inanición cautivo en manos enemigas el 30 de Junio. La situación se complicará todavía más con la caída días después de Iriguiben a manos rifeñas.
Esta victoria dará moral a los insurrectos rifeños y será entonces cuando aparezca una figura que será clave en el desarrollo de los sucesos. Un antiguo funcionario de la administración colonial española de nombre Abd el-Krim se conformará como el líder Rifeño.
En esta situación de constantes ataques Silvestre no se siente seguro en su posición actual de Annual , y decide levantar el campamento en previsión de un posible ataque Rifeño. Tras muchas vacilaciones, incrementadas por el anuncio del alto comisario Berenguer del envío de refuerzos, se decide reemprender la marcha, pero será tarde. Las tropas moras han rodeado a la expedición española. Parte de la policía y tropa indígena ha cambiado de bando tras matar a los oficiales españoles, y la tragedia se avecina. Tras cuatro horas de combate, mueren más de 4000 soldados españoles. Los prisioneros son más de 500.
Parte de los supervivientes, a las órdenes del General Navarro, llegarán a la posición de Monte Arruit a refugiarse. Esta defensa será heroica, y en ella destacará la valiente labor de las tropas de caballería del Regimiento de Alcántara, que en dichos hechos de armas perderá a 471 de sus 691 jinetes. Los sitiados en Monte Arruit terminarán capitulando el 9 de Agosto tras conversaciones con Madrid. A pesar de ello, los rifeños deciden atacar a los soldados españoles una vez rendidos y desarmados, sobreviviendo solamente 60 de los 3000 sitiados y quedando un mar de cadáveres como siniestro espectáculo en el sofocante agosto del Rif.
URZ
Nota del autor: Tras este relato, no cabe en mente humana racional causa alguna por la cual el Gobierno de España tenga la indignidad de Indemnizar a Marruecos con 100 millones de Euros por la Guerra del Rif , tal y como recientemente ha acordado el consejo de ministros. La actitud no cabe ser mencionada de otra forma que de traición, siendo esta la enésima a la que somete ZP y su gobierno a España. Solamente me cabe desear que la justicia que las leyes españolas actuales no aplicar a semejante sarta de traidores sea algún día aplicada por agente divino o humano.
URZ.
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lunes 9 de mayo de 2011
LA GUERRA DE LAS COMUNIDADES
El 8 de Junio , la ciudad de Toledo propone a las ciudades con voto en Cortes cinco puntos irrenunciables, que con posterioridad serán reafirmados en la Junta de Ávila un mes después: Anulación del Servicio concedido en las Cortes de La Coruña; Vuelta al sistema de Encabezamiento para el Cobro de Impuestos; Prohibición de salida de dinero del Reino; Reserva de cargos públicos y eclesiásticos para los Castellanos; Designación de un Castellano para suplir al Rey en su ausencia. Dichas propuestas concentran un gran apoyo entre la población y la fuerza de los Comuneros crece. Así pues, los partidarios realistas deciden poner fin a la sublevación. El Corregidor segoviano, Ronquillo, inicia la persecución contra los causantes de la muerte del procurador. La Comunidad Segoviana pide auxilio a las otras ciudades castellanas, siendo Toledo y Madrid las primeras en mandar refuerzos. Adriano de Utrecht envía tropas para acabar con la comunidad de Segovia, pero a la llegada de las mismas a Medina del Campo, la población le impide la entrada. La ciudad termina siendo incendiada por los Realistas, y la Guerra es un hecho.
Ante esta situación bélica, Carlos I anula por una parte el servicio de las Cortes de La Coruña y por otro pone al mando de las tropas realistas a Íñigo de Velasco y a Fadrique Enríquez. Mientras, los Comuneros mandados ahora por Antonio de Acuña asedian Burgos, feudo realista, sin resultado. Los realistas contraatacan y tras una dura pugna, arrebatan Tordesillas a los Comuneros . Tras este duro golpe, los Comuneros toman Torrelobatón y Simancas , mientras los Realistas tendrán Medina de Rioseco como centro de operaciones. A principios de 1521, se intuye que la Guerra se dilucidará en el territorio existente entre ambos feudos. Y de hecho, será en Abril de 1521 cuando la Batalla de Villalar determinará la definitiva victoria Realista. En un embarrado suelo y ante una persistente lluvia , las tropas al mando de Juan de Padillla parten el 22 de Abril desde Torrelobatón con destino hacia Toro, llegando a la localidad de Vega de Valdetronco con 6.000 hombres. Mientras, los Realistas ocupan Villalar, pueblo siguiente en el camino hacia Toro. La batalla es entonces inevitable el 23 de Abril, y tras un duro ataque Realista , los Comuneros sucumben definitivamente, y sus tres líderes, el toledano Juan de Padilla, el segoviano Juan Bravo y el salmantino Francisco Maldonado, son detenidos , juzgados y decapitados.
Tradicionalmente ha existido una histórica discordancia en la historiografía española sobre el papel de “Héroes” o “Villanos” de Las Comuneros. Cierto es que la postura de los sublevados denota una importante cortedad de miras en torno a la oportunidad de construcción imperial que se abría para España en Europa. Pero no es menos cierto que la entrada de cargos extranjeros en la administración de Castilla era una humillación para todo el Reino. ¿Héroes o villanos?...Seguramente ninguna de las dos cosas o un poco de ambas.
URZ
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domingo 17 de abril de 2011
LA ÉPICA LUCHA DE ORIAMENDI
En nuestra edición este mes de nuestro espacio “Una Nación, Mil Historias”, nos detendremos a rememorar una de las más célebres batallas de las Guerras Carlistas: La batalla de Oriamendi.En homenaje a esa victoria, los Carlistas adoptarán “El Oriamendi” como su himno. Cuentan que en un principio, el himno fue compuesto por los liberales para ofrecérselo a la Reina María Cristina por la eminente victoria, pero la victoria carlista hará de esta popular composición uno de los himnos históricos más conocidos .
D. Sebastián tendrá otra gran intervención en la conocida como la “Expedición Real”. Al frente de sus 35.000 hombres, se lanzará sobre Valencia tras un rumbo zigzagueante desde el Norte de España. Ya se prestaban los liberales para defender la capital del Turia, cuando un inexperado cambio de rumbo hace que el objetivo pase a ser Madrid. Tras un vertiginoso avance sobre la Capital, sus tropas se detendrán definitivamente en Vicálvaro, tras una expedición de mayor contenido político que militar. Perderá entonces su mayor oportunidad de tomar Madrid.
URZ
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domingo 13 de marzo de 2011
23 DE FEBRERO DE 1981: EL DÍA QUE PUDO CAMBIAR TODO
Así pues, el rumor de golpe de estado es una constante en la España de 1977 a 1981, por lo que no serán para muchos una sorpresa los sucesos que comienzan a las 18:22 horas del 23 de Febrero de 1981, cuando el Tte Coronel de la Guardia Civil Antonio Tejero Molina entra a punta de pistola en el Congreso de los Diputados acompañado de 200 Guardias Civiles . En aquellos momentos el pleno estaba en plena votación para elegir a Leopoldo Calvo Sotelo como Presidente del Gobierno tras la dimisión de Suárez . Tejero se dirige al estrado ,pronuncia su conocido “Quieto todo el mundo” y tras el desconcierto generalizado de los diputados, suelta , a la vez que la conexión TV y radio se interrumpen.
La noticia corre con rapidez a lo largo y ancho de España, y la postura del ejército español es, en general ,de expectación. La mayoría de las guarniciones permanecen acuarteladas sin apoyar ni rechazar el golpe. Jaime Milans del Bosh da un paso al frente y saca las tropas a la calle en Valencia. La III Región Militar se ha sublevado y todos los ojos están puestos en La Acorazada Brunete , cuyo posible despliegue y toma de Madrid se considera triunfo seguro del pronunciamiento. En la Brigada corre el rumor a cerca del apoyo del Rey a los movimientos para dar un cambio a la situación Nacional y que el General Alfonso Armada puede ser el hombre elegido para llevar las riendas del futuro gobierno. Por ello, el General Torres Rojas se presenta en la Acorazada procedente desde La Coruña para hacerse cargo de la sublevación solicitando la cesión del mando al General Juste. En ese momento, ya hay tropas de la acorazada tomando TVE y Radio Nacional . El control completo de Madrid puede ser en ese momento cuestión de horas . Es entonces cuando Torres solicita a Juste la cesión del mando indicándole que Armada estaría a esas horas reunido con el Rey. Éste último llama a Zarzuela y el jefe de la Casa del Rey, Sabino Fernández Campo le responde el famoso “Ni está ni se le espera”. Ese fue el primer revés del Golpe , las divergencias entre Tejero y Armada tras la visita de este último al Congreso y el definitivo discurso del Rey de madrugada tras misteriosas horas de silencio, frustraron el posible cambio.
Numerosos misterios se ciernen treinta años después sobre la sublevación . Los alzados fracasaron y sufrieron cárcel y condena de la opinión pública de entonces, pero en la mente de muchos subsiste la idea de que no se conocen todos los que estuvierno implicados ni las verdaderas intenciones de cada uno. El 23 –F es con el 11-M uno de los grandes misterios de nuestra historia reciente . Algún día se sabrá la verdad, solamente esperamos estar vivos paraconocerlo.
URZ.
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domingo 30 de enero de 2011
CIUDADES EN EL NUEVO MUNDO.
Con el nuevo año vuelve esta vieja sección de “Una Nación, Mil Historias” para echar una ojeada al otro lado del Atlántico y a la obra española en Ultramar. Durante siglos, la tristemente conocida como “Leyenda Negra” fraguó una imagen siniestra de la labor española en las Colonias Americanas , cuando muy al contrario , ésta representó la creación de una nueva civilización próspera y un avance tanto para los propios nativos como para los españoles que paulatinamente comenzarías a asentarse en el Nuevo Mundo. Uno de los ejemplos más claros de este afán de progreso fue la creación de las nuevas ciudades que serían capitales de los virreynatos, de amplias vías, modernos servicios y armoniosas formas. En este caso, estudiaremos la creación de tres de las más importantes urbes de Hispanoamérica : Lima, Santiago de Chile y Buenos Aires.
1)- Lima o la búsqueda afanosa de Pizarro.
La fundación de la actual capital de Perú es fruto del afán de Francisco Pizarro , que tras su victoria ante Atahualpa y la caída del Imperio Inca buscaba un emplazamiento para la nueva capital del virreynato. Para ello, envía a tres caballeros a sus órdenes: Ruy Díaz, Juan Tello de Guzmán y Alonso Martín de Don Benito para la búsqueda de un emplazamiento adecuado. En Enero de 1535 llegan a orillas del Río Rimac y deciden que aquel será el lugar de creación de la bautizada en un principio como “Ciudad de los Reyes”, que posteriormente se llamaría Lima como degeneración del nombre de Rimac. Así pues, el 18 de Enero Pizarro funda la ciudad en una sencilla ceremonia, mientras el consejo municipal se encarga del nuevo proyecto de urbanización, diseñado por el arquitecto Diego de Agüero y que se conocerá como el “Damero de Pizarro”. Dicho plan urbanístico se forma al trazar 177 manzanas divididas en 9 calles de largo por 13 de ancho en torno a una plaza central o “Plaza de Armas”. Las viviendas serán de construcción armoniosa y existirán dentro de la urbe numerosos árboles frutales, entre los que destacarán los naranjos. Además existirá conexión directa con el puerto del Callao, lo que permitirá un próspero desarrollo del comercio Local.
2)- Santiago de Chile: El cerro como fortaleza.
La fundación de la ciudad de Santiago de Chile la realiza Pedro de Valdivia, que tras cruzar exhausto el desierto llega a orillas del río Mapocho el 13 de Diciembre de 1540. Con rapidez entabla relaciones con los indios de la zona, con la visión de fundar allí una ciudad. Éstos aceptan , con la idea de poder expulsar con rapidez a los españoles, aunque sus planes , como veremos a continuación, se verán frustrados . Así pues, el 12 de Febrero de 1541, Valdivia funda la Ciudad de Santiago desde la fortaleza construida en el Cerro de Santa Lucía. Siguiendo las directrices coloniales, encarga a Pedro de Gamboa la planificación urbanística, que será muy similar a la anteriormente vista de Lima, construyéndose ocho manzanas de Norte a Sur y diez de Este a Oeste, con una Plaza de Armas en el centro y sobre la cuál estarán situados la Catedral, la Cárcel y la Casa del Gobernador.
Sin embargo, graves peligros acecharán a la nueva urbe , ya que el 11 de Septiembre de 1541, hallándose desguarnecida la ciudad por la marcha de Valdivia y sus hombres hacia la Guerra del Arauco en el Sur , los indios deciden atacar la ciudad. Santiago queda arrasado, pero los 55 españoles defensores de la plaza consiguen derrotar a los miles de salvajes, y la valiente Inés de Suárez, compañera de Valdivia, ordena decapitar a siete caciques indios y colgar sus cabezas como escarmiento. La ciudad volverá a ser reconstruida, pero no será hasta después del terremoto de 1552 cuando tomará su forma actual.
Buenos Aires: La ciudad Fundada dos veces.
La ciudad de Buenos Aires tiene su origen en la orden recibida por Pedro de Mendoza de partir el 24 de Agosto de 1534 desde Sanlúcar de Barrameda hacia América con 1200 hombres y 14 navíos con el encargo de fundar a lo menos cuatro ciudades.
El 2 de Febrero de 1536, Mendoza construye cerca del Río de la Plata un rudimentario fuerte bautizado como “Puerto de Santa María del Buen Aire”. Pronto comenzarán a surgir las epidemias, y la falta de víveres acuciará a los pobladores del fuerte, que hambrientos y enfermos destruyen el fuerte y parten para Asunción en 1541.
Tendrán que pasar 41 años para que Juan de Garay funde el en 1580 la definitiva Ciudad de Buenos Aires, con la idea de asegurar una salida al Atlántico a todas las Tierras del Potosí. Por ello, el 11 de Junio de 1580 crea , en un lugar diferente al elegido por Mendoza en 1534, la Ciudad de Buenos Aires, planificando esta en un lugar cercano al estuario del Río de la Plata, dotado de importantes defensas naturales y aguas poco profundas. La nueva ciudad será levantada en base a un plano que estimaba 250 manzanas de una longitud de 140 varas de lado.
Este ha sido un repaso breve por la obra urbanística de España en Ultramar. En la próxima edición del mes de febrero, tendremos más historias.
URZ
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domingo 2 de enero de 2011
LA PATRIA Y EL AMOR (LO CONTRARIO A LA CONSTITUCIÓN)
Pero vivimos en la España de hoy, o lo que queda de ella, y resulta que, aparte de esa añoranza de tiempos y actitudes viriles, hay otra forma de sentir a la Patria que sí pueden compartir amplias capas de la población sin necesidad de resucitar el instinto guerrero. Quizá, precisamente, por ser anterior a él. El vocablo castellano “Patria” (con mayúscula, como bien subrayaba Rafael García Serrano) deriva del latín y fácilmente adivinamos su origen etimológico en nuestros padres, “pater”, en un sentido de herencia y continuidad, de no mirar sólo a lo que nosotros somos y tenemos sino también a reconocer lo que recibimos de los que nos precedieron y, sobre todo, a lo que pretendemos legar a los que nos sucederán. Según Jünger el hombre privado de vínculos muere y su obra muere con él. Pero nosotros percibimos, aunque sea de forma inextricable y confusa, que la sangre de nuestros padres late fundida con la nuestra. Que transitamos la corriente misteriosa de las generaciones, la tradición, escuchando el eco silencioso de un pasado que de modo implacable se proyecta sobre el mañana.
No existen palabras que proporcionen, con semejante intensidad, alivio y calor al alma herida y cansada como las voces “hogar” y “madre”. Y, al fin y al cabo, la Patria es ambas cosas. Y esta acepción de la Patria que nos recuerda lo cercano, la melodía conocida, el fuego de la casa, el aroma familiar, el sabor de siempre, el que es el nuestro y no otro; esta acepción de España, digo, es del todo extraña a esa otra Patria “constitucional”, hoy tan en boga, que es la única fórmula que encuentra actualmente la derecha para tratar de suscitar amor a España y sentido de pertenencia e identidad. Pero poco amor podrá engendrar esa concepción de la Patria fundada únicamente en la aceptación de un frío e inerte sistema jurídico-administrativo que supuestamente nos garantiza derechos, libertades y bienestar. Nadie moriría por la constitución de 1978 como tampoco por ninguna de la decena de ellas que la precedieron. Pero sí por defender la tierra, la memoria y la sangre de sus abuelos. Es decir, por amor.
Porque nada de importancia puede emprenderse si falta el amor. Y sólo cuando se ama a la Patria como a la madre, sin reservas, sin razones, de forma instintiva y visceral, existen soldados que marchan a combatir y a morir para defenderla sin preguntarse por qué lo hacen. Porque el corazón no necesita respuestas ni justificaciones.
Nadie en nuestra cultura occidental expresó esto con la misma fuerza que Rostand en su Cyrano. En cierto momento de esta obra se da la ocasión en que Cyrano (héroe nacional del teatro francés, algo así como el Quijote galo) y sus cadetes de Gascuña se encuentran cercanos al fatídico trance de enfrentarse a las (por entonces) invencibles tropas españolas en el sitio de Arrás. Los soldados franceses se encuentran a punto de desertar del campo por el retraso de sus pagas y un hambre atroz que les devora por dentro. Cyrano, portentoso espadachín y poeta, se dirige a sus camaradas con el secreto ánimo de espolearles para la batalla, haciéndose acompañar por el pífano de un músico soldado que interpreta dulces melodías de su tierra. Lean, no tiene desperdicio:
“TODOS.- (Gritando) ¡Tengo hambre!...
CYRANO.- ¡Claro está! ¡Cosa prevista que penséis sólo en rellenar el buche!... Acércate, Beltrán, viejo flautista. Desata de tus flautas el estuche, toma uno de los pífanos que encierra, y ante este vil hatajo de glotones modula viejos aires de la tierra: una de esas canciones en las que cada nota es una hermana; en que vibrar parece, adormecida, la armonía lejana, el eco suave de una voz querida; y cuya vaga placidez imita la dulce lentitud de la humareda que el natal pueblecillo por sus techos exhala… ¡Música tal que a vuestro idioma iguala, que encierra en sí la patria poesía, y que escrita en gascón se juzgaría!...
(El viejo se sienta y prepara su pífano).
Oíd: mientras sus notas desentraña, el pífano suspira; suspira recordando tiernamente que, si de ébano es hoy, fue ayer de caña. ¡Dijerais que se admira de sus propias canciones!... ¡Es que siente en sus notas vibrar el alma entera de una niñez remota y placentera!
(El viejo empieza a tocar, ejecutando viejas canciones del Languedoc).
Gascones, escuchad… Bajo sus dedos, no es la trompa guerrera; no es en sus labios el marcial sonido que al combate nos llama: es el silbido que oíamos antaño, es la flauta sencilla del pastor que apacienta su rebaño… Escuchad, escuchad… Es la espesura; es el monte, el arroyo, la llanura; el rabadán inculto y atezado, el pastor avezado al rigor de las frías estaciones, que calza abarcas y cayado empuña; es el campo, es la paz… Oíd, gascones: ¡es toda la Gascuña!
(Todos han inclinado la cabeza y fijado la mirada como concentrando la imaginación en un recuerdo, en un sueño. De muchos ojos brotan lágrimas, que son enjugadas furtivamente con el reverso de la manga o con un extremo de la agujereada capa).
CARBÓN.-(A Cyrano, en voz baja). ¡Los hiciste llorar!
CYRANO.- Sí; pero ahora más noble es su afección. Si alguno llora, no es de hambre; es de nostalgia.
CARBÓN.- Me parece que eso es peor y siento…
CYRANO.- De víscera cambió su sufrimiento, ya no es el estómago sino el corazón el que padece. ¡Mejor que sea así!
CARBÓN.- Poca energía desplegará en la lid mi compañía si ya, por causa tuya, se enternece.
CYRANO.- (Que ha hecho seña al tambor de que se acerque). ¡Bah! En su sangre dormita un heroísmo fácil de despertar. Juzga tú mismo. (Hace una seña. Dobla el tambor).
LOS CADETES.- (Levantándose y precipitándose sobre sus armas). ¿Quién es? ¿Quién va? ¿Qué es esto?
CYRANO.- (Sonriendo). Ahí tienes el efecto manifiesto. ¡Bastó un redoble!, ¡Adiós, sueños hermosos!, ¡Terruño, amor, recuerdos venturosos, todo se les disuelve cual humo! ¡Lo que vino con el pífano, con el tambor se vuelve!”
De la lágrima a la estocada sólo media un paso. Con sus estómagos rugiendo por un bocado, los cadetes de Gascuña audaces saltan sobre sus espadas al redoble del tambor, que interrumpe la cálida ensoñación del terruño de sus antepasados y les devuelve al atronador bramido de la guerra. Ese es el sentido de Patria que invocamos y no el tímido tartamudeo de la derecha, cuya Patria se vincula a una mera colección de normas de leguleyos y reglas económicas, y menos aún el de una izquierda para la que la Patria ni existe ni debe existir, por no ser más que barrera artificial que separa a los pueblos en su afán de abrazarse y vivir en eterna paz y armonía.
Contra ambas versiones, adulteradas, de lo que España fue y debe ser, si quiere sobrevivir, oponemos el hogar y la madre. El amor y la Patria. Por los que se fueron y por los que vendrán.
Joaquín Verdú
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